La vida es una procesión de noticias. ¿O no, Kristina Lugn?

 

Kristina Lugn

© Foto: Ulla Montan

 

 

Por Víctor Rojas

 

Sólo casi buenas nuevas por estos días. Hasta el otrora triste otoño llega con la noticia que camino al norte ha escondido sus fríos y que es por eso que ahora se pavonea por Suecia como un día cualquiera de julio. Y acá, hablar de la poeta Kristina Lugn, es tanto como verter una gota de agua en ese mar del cariño popular. Todo el mundo la quiere como si fuera hija única de este país, cuna del sosiego, donde a menudo los periódicos sólo reportan agradables sucesos. Tantos que las páginas rojas se tienen que completar con historias de gatos extraviados. O en el mejor de los casos, tomando prestados algunas muertes ajenas. Aunque el apellido Lugn significa “calma” en castellano no es de ese esquivo estado del espíritu al que me voy a referir sino del suceso del año, para el mundo de la literatura, en el cual la poeta de marras fue protagonista. Pues bien, esa poetisa sueca que por su peinado bien pudo haber sido la inspiración de un Twist, acaba de ser nombrada dueña de la silla número 14 de la Real Academia Sueca. ¡Enhorabuena! han exclamado todos, como es de suponer. Y ahora la Academia Sueca está completa con sus 18 miembros pues a otro poeta, Jesper Svenbro, le fue asignada la silla 4 que también estaba vacante.

 

Vayámonos centrando y contemos que a Kristina Lugn se le ve con frecuencia por la televisión, con esa cara de pecadora de la edad media, hablar de obras de teatro, de los bemoles de la vida, pero sobretodo de la poesía. Sus entrevistas son famosas porque además de responder con mucha profundidad intelectual se expresa con una vocecita que al instante nos recuerda la forma de hablar de las mujeres pastusas al otro día de la fiesta. Nació en Estocolmo hace 57 años. Y su quehacer con las letras comenzó cuando a los seis años de edad la revista del Pato Donald le publicó un poema. Desde entonces Kristina Lugn ha publicado diez libros de poemas los cuales reflejan en gran parte las aspiraciones y sentimientos de la mujer subyugada.

En una entrevista dada en estos días, cuenta la poeta que el tiempo más feliz de su vida fue cuando las editoriales le rechazaban sus obras. Por eso sabe lo que es tener y no tener éxito. Trabajó como maestra y bibliotecaria. A los 30 años de edad la Federación de Escritores de Suecia le otorgó una pensión vitalicia para que así pudiera dedicarse sólo a la creación literaria. Y con ello, entró en un periodo de ostracismo, según cuenta ella misma. De ese aislamiento emergió como una escritora, conocedora de su oficio y responsable de su obra. “Fue a partir de los 40 años que sentí que me podía llamar escritora”, manifestó cuando se hizo público su nombramiento.

Hace diez años fundó el teatro Brunnsgatan 4 donde se han exhibido la mayor parte de sus obras teatrales. Los entendidos de las piezas escénicas aseguran que Kristina Lugn es más audaz que el último premio Nobél de Literatura, Harold Printer, en el manejo de las pausas en los diálogos. Sin embargo, los dos son de esos escritores que escriben desde la perspectiva de los desposeídos de la tierra.

De su vida privada se sabe muy poco. Que vive íngrima en un mediano apartamento en un sector histórico de Estocolmo. “Si uno lee el libro Solo de Strinberg, en lugar de los tantos manuales que hay por doquier sobre cómo manejar la soledad, se ahorra muchos dolores de cabeza”, expresó a propósito de su estado civil. La poeta tampoco tiene perro ni gato, pero sí una enorme biblioteca y una hija que ya la convirtió en abuela. Eso sucedió en la navidad de hace dos años. “Ante ese suceso escribí mi mejor poema, aquel de la ventana panorámica. Ese es bueno porque no es irónico. Lo que yo expresaba en él lo hacía con toda la seriedad del mundo”, dijo.

El año pasado la traductora María Kallin y yo, con mucho entusiasmo, tradujimos el poemario ¡Adiós y buena suerte! Vertiendo palabras suecas al castellano tuvimos la impresión de que algo de María Mercedes Carranza había en la poesía de Kristina Lugn. Eso nos animó aún más. La poeta sueca, sin duda alguna, sería también acogida por los amantes de los versos en Colombia, pensamos. En efecto, pronto fue invitada al Festival de Poesía de Medellín, pero un percance de última hora le desbarajustó el viaje. En fin, no se sabe qué irá a pasar en la Academia Sueca después del 20 de diciembre cuando Kristina Lugn se posesioné de la silla 14. Lo único que por ahora se sabe es que el Premio Nóbel de Literatura de este año ya está decidido. El próximo jueves sabremos quién es el nuevo escritor inmortalizado. Como es obvio, Kristina Lugn nada tuvo que ver en esa decisión. Pero otra cosa será en los años siguientes. Mientras tanto, los lectores de Bogotá se pueden regocijar con la poesía de la nueva académica. Su libro se consigue, entre otros lugares, en La casa de poesía Silva y en la librería Lerner.

 

 

 

El poema de la ventana panorámica:

 

 

 

Vas a recibir una ventana panorámica

como subsidio infantil.

El cielo estrellado será el empapelado de tu sala

y Mozart escribirá la música.

Vas a tener un hogar

que te ama.

Vas a tener sentido del humor.

Y la obra completa de Strindberg.

Y todos mis nietos.

Mi regalo para tí es que hables muchos idiomas

y toleres todo tipo de clima.

Vas a tener los pies sobre la tierra

y vertiginoso techo con estucados.

Vas a tener una vida

que te perdone todo.

Vas a ser clara en el pensamiento.

Y fuerte en la emoción.

Vas a divertirte.

Todo esto está en el seguro de la casa.

Vas a poder vivir en paz

Mi subsidio de manutención para ti es que jamás

pierdas la esperanza.

Vas a tener un corazón valeroso.

Y un osado intelecto.

Y un buen juicio.

Aquel en quien confías

no suelta tu mano.

Mi regalo de navidad para ti es que si desfalleces

tus congéneres se alegrarán de ayudarte.

Una amable sonrisa irá a través de todo tu viaje.

Una exención enviaré desde mi soledad.

No vas a heredar nada de mí.

Pero recibirás todo el dinero.

 

 

© Traducción: María Kallin y Víctor Rojas

© Simon Editor